viernes, 15 de mayo de 2009


Moviendose con cuidado la atrajo hacia sí y la abrazó. Estaban sentados los dos en el medio de la embarcación, que era arrastrada mansamente por la corriente. Ella apoyaba su espalda en el pecho de él y se dejaba cubrir las caricias. Él le daba besos chiquitos en el cuello, mientras le decía :
- Estos son besos de pescadito.
Ella cerró los ojos. Sentía el olor de la piel de él que se mezclaba con el perfume del Río. El sol recalentaba sus cuerpos y el abrazo se intensificaba, alejando todos los fantasmas, dolores y miedos.

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